Oración en busca de gracia

Anibal Vicente June 6, 2019

Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira.

Salmo 38:1.

¿Has pensado en las consecuencias del pecado?

El tema central de la plegaria del Salmo 38 es la angustia que produce el pecado, cuyo fruto es dulce en la boca y veneno amargo en el vientre. David comienza suplicando alivio porque se siente escarmentado por el Señor a causa de su pecado (2 Sam. 11). Le suplica a Dios que atenúe “su ira” (vers. 1). Es la tortura y el tormento que debió haber sentido al ver las consecuencias por su pecado con Betsabe: una de sus hijas, Tamar, fue violada por su medio hermano, Amnon, y este fue asesinado por Absalón (2 Sam. 13). Todos eran hijos de David. Luego, la rebelión de Absalón y de Seba (2 Sam. 20). Durante este tiempo, conocio la inconstancia de sus amigos y familiares, y la ferocidad de sus enemigos.

David escribió tres salmos penitentes que parecen la secuencia de un sermón: en el Salmo 51 clama por el perdón de los pecados; en el 32, se regocija por ese perdón; y en el Salmo 38 encontramos que la culpa ha sido quitada, pero las consecuencias permanecen.

En este salmo vemos al poeta rey luchando, impotente, contra la angustia. Pero luchar contra la angustia solo produce nuevas formas de angustia: desde los versículos 2 hasta el 7, David se explaya en sus padecimientos físicos. Los versículos 8 al 10 dan cuenta de una tremenda angustia espiritual. Luego describe la aflicción por las relaciones rotas en los versículos 11 al 20. Sus amigos y familiares se han alejado, nadie apuesta por el perdedor, y sus enemigos lo persiguen. Finalmente, la angustia se termina con la suplica final del salmo: “Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación” (vers. 22).

La vida no perdona, ¡pero Dios sí perdona! ¡Siempre hay gracia para el corazón afligido por el fruto amargo de sus pecados! La ira de Dios no estaba consumiendo a David. El rey estaba pagando las consecuencias de sus desvarios. No confundamos la ira divina con las consecuencias de nuestros pecados. La gracia de Jesús siempre está a nuestro lado, para perdonarnos, restaurarnos y sostenernos en el sufrimiento por nuestros errores del pasado.

¡Bendita gracia, que jamás te abandona!



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