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La disciplina eclesiástica

Escrito por el 19 diciembre, 2018

Uno de los principales problemas de la organización eclesiástica es tener que ocuparse de la disciplina. De qué forma la disciplina ayuda a conservar la unidad de la iglesia a veces es un tema delicado y se puede malinterpretar fácilmente. Pero, desde una perspectiva bíblica, la disciplina eclesiástica se centra en dos aspectos importantes: la conservación de la pureza doctrinal y la conservación de la pureza de la vida y la práctica de la iglesia.

Como ya hemos visto, el Nuevo Testamento resalta la importancia de conservar la pureza de la enseñanza bíblica, a raíz de la apostasía y las enseñanzas falsas, particularmente en el tiempo del fin. Lo mismo se aplica a la conservación de la respetabilidad de la comunidad mediante la protección contra la inmoralidad, la deshonestidad y la depravación. Por esta razón, se dice que la Escritura es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16).

Lee Mateo 16:19 y 18:15 al 20. ¿Qué principios le dio Jesús a la iglesia en cuanto a disciplinar y amonestar a los que están en falta?

La Biblia respalda el concepto de disciplina y la obligación de rendir cuentas en nuestra vida espiritual y moral. De hecho, una de las características distintivas de la iglesia es su santidad, o separación del mundo. Sin duda, en la Biblia encontramos muchos ejemplos de situaciones difíciles que requieren que la iglesia actúe de manera decisiva contra los comportamientos inmorales. Deben preservarse las normas morales en la iglesia.

¿Qué principios nos enseñan a seguir estos pasajes al abordar cuestiones difíciles en la iglesia? Mateo 7:1-5Gálatas 6:12.

No podemos negar la enseñanza bíblica sobre la necesidad de la disciplina eclesiástica. Sin eso, no podemos ser leales a la Palabra. Pero observa la cualidad redentora en muchas de estas amonestaciones. La disciplina debe ser tan redentora como sea posible. Además, debemos recordar que todos somos pecadores y que todos necesitamos de la gracia. Por lo tanto, al administrar disciplina, debemos hacerlo con humildad y con plena conciencia de nuestros propios defectos.

En nuestro trato con los que yerran, ¿cómo podemos aprender a actuar con una actitud más redentora que de castigo?


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