Qué olvido

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¿Acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré. (Isaías 49: 15).

Una familia filipina abandonó su país para emigrar a Canadá en busca de una vida mejor. Cuando llegaron a Vancouver, ya en Canadá, tenían que tomar otro avión a su destino, pero les hicieron pasar de nuevo por facturación porque el equipaje que llevaban de mano era demasiado pesado. Cuando estaban facturando las maletas, decidieron separarse para que, el esposo solo, pudiera hacerlo todo más rápido y correr a la puerta de embarque. Total, que cada uno tomó su camino. El papá creyó que la mamá se había llevado al bebé de dos años; la mamá creyó que su pequeño de dos años se había quedado con el papá; los abuelitos creyeron que uno de los padres estaría a cargo de su nietecito. ¿Resultado? El pequeño se perdió.

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