Mil años como un día

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Pedro responde al cuestionamiento de la naturaleza constante del mundo. Les recuerda a sus lectores que no es verdad que el mundo ha permanecido sin cambios desde la Creación (nota que Pedro regresa inmediatamente a la Palabra de Dios como su fuente y autoridad). Hubo un tiempo de gran maldad, después del cual Dios destruyó al mundo con un diluvio (2 Ped. 3:6). Y, de hecho, el diluvio trajo un gran cambio, que permanece con nosotros hasta hoy. Pedro, entonces, dice que la siguiente destrucción será con fuego, no con agua (2 Ped. 3:10).

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